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Home Tour: Un retiro bohemio en San Miguel de Allendre, México

Home Tour: Un retiro bohemio en San Miguel de Allendre, México

Esta increíble casa, con aires de tradición local, pertenece a la diseñadora de interiores Rela Gleason y su marido Don. Todo empezó como una aventura, una oportunidad para embarcarse en un nuevo proyecto. La pareja siempre había planeado vivir fuera de los Estados Unidos en algún momento de sus vidas. Rela creció en Bélgica y antes de cruzar el océano, ella y su marido fundaron allí la empresa Summer Hill, una tienda de muebles y diseño.

 

 

Volver a Europa, tras tantos años en EEUU, era inviable; se alejaban demasiado de sus hijos y nietos. México, sin embargo, está solo a tres horas en avión de su familia. En los últimos años San Miguel de Allendre ha atraído a muchos artistas y bohemios que buscan preservar un sentimiento de comunidad. Sus calles estrechas, los jardines exuberantes y el clima templado, han ido captando la atención de nuevas generaciones como Rela y Don, que se embarcaron en un proyecto que mantuviera vivo el espíritu de esta ciudad: una casa llena de rincones que recuerdan las raíces del lugar en el que se ha levantado.

 

En el salón destaca el butacón de Lee Industries, revestido de lino blanco natural,  y el sillón de piel marrón de Rela Gleason Collection. Una rueda de molino de piedra sirve como mesa auxiliar.

 

La pareja ha bautizado este pequeño paraíso como la Casa Lala: una oda a lo viejo y lo nuevo de San Miguel. Rela se encargó de eliminar todos los clichés coloniales para crear una estructura austera de piedra, yeso y herrajes. La casa se inunda con la luz del sol que llega por las montañas de San Miguel. A pesar de que no hay ni una baldosa de terracota a la vista, Rela rinde homenaje a México con la artesanía y las florituras que llenan la casa de color. “Quería inspirarme en el idioma local y darle un nuevo dialecto. Utilizo destellos de caprichos coloniales que exagero audazmente”, explica Rela a la revista Elle Decor.

 

 

La casa se encuentra detrás de las altas paredes protectoras de una antigua hacienda. La característica más dramática domina a un lado del patio de la casa: una ventana industrial gigante de dos pisos. La estructura de hierro y vidrio se extiende más allá de la sala de estar hasta el dormitorio principal de arriba.

Toda la planta baja está cubierta con adoquín, una piedra mexicana más utilizada para pavimentar las calles. En un guiño a la arquitectura colonial, la biblioteca de la sala de estar se encuentra en un nicho de yeso, con los estantes hechos de madera recuperada. Arriba, puertas de madera antiguas se abren al baño principal, y una viga de mezquite recuperada en el baño de invitados da un acento inesperado a la estancia.

 

La nevera de la cocina es de Frigidaire, la plaxa de Wolf, los hornos son de Teka, y los fregaderos de Moen (izquierda) y Kohler (derecha). La isla es de madera y mármol Carrara, pero el panelado es de granito. 

 

La decoración es una mezcla de tesoros de mercadillos y finas antigüedades. En el hall de entrada, una silla de monje colonial del siglo XVI se alza contra una simple pared blanca. Una mesa de Saarinen decora el centro del comedor, combinada con una clásica silla redonda mexicana, conocida como equipal, hecha de cuero y tiras de madera. Las placas de todo el mundo y las cornamentas, compradas en Montana, completan la maravillosa combinación.

 

 

Desde que la casa se completó hace dos años, la pareja comenzó a pasar más de seis meses al año en San Miguel, recibiendo familia y amigos de forma regular. Se adaptaron tan rápido a la escena social de la ciudad que terminaron creando un nuevo negocio: Crema, una tienda que vende artículos creados por artesanos locales.

 



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